Imagina dos personas que se jubilan el mismo día, con el mismo capital y la misma cartera invertida en un fondo indexado global. Durante los siguientes veinticinco años, el mercado atraviesa exactamente los mismos rendimientos anuales para las dos: unos años del 20%, otros del -15%, la mayoría entre el 5% y el 10%. La rentabilidad media anualizada, calculada sobre el periodo completo, es idéntica para ambas. Y sin embargo, una de ellas termina esos veinticinco años con el doble de dinero que la otra, o incluso se queda sin capital antes de tiempo mientras la otra vive holgadamente. La única diferencia entre las dos es el orden en que llegaron esos rendimientos. Esto es el riesgo de secuencia de rentabilidades, uno de los conceptos menos intuitivos y más determinantes de la planificación financiera para la jubilación, y uno de los que menos se explican fuera de los círculos técnicos.

Qué es el riesgo de secuencia de rentabilidades

El riesgo de secuencia de rentabilidades (sequence of returns risk, en la literatura anglosajona) describe el hecho de que, cuando retiras dinero de una cartera de forma periódica, el orden en que se producen las subidas y bajadas del mercado afecta al resultado final tanto o más que la rentabilidad media del periodo. Esto no ocurre cuando solo estás acumulando capital sin retirar nada: en esa fase, el orden de los rendimientos es irrelevante para el resultado final, porque el capital no varía por causas ajenas al propio mercado. Pero en cuanto empiezas a sacar dinero —para vivir de tu cartera durante la jubilación, por ejemplo— la cosa cambia por completo.

La razón es mecánica y no tiene nada de misteriosa. Cuando retiras una cantidad fija (o un porcentaje) de una cartera que acaba de caer un 20%, estás vendiendo una proporción mayor de tus activos para conseguir esa misma cantidad de dinero. Eso significa que te quedan menos participaciones para beneficiarte de la recuperación posterior. Si, en cambio, la caída del 20% llega en un año en que no necesitas retirar nada —porque todavía estás en fase de acumulación, o porque tienes otra fuente de ingresos ese año— el golpe se diluye: tu capital se recupera con el tiempo sin que hayas tenido que vender en el peor momento posible.

Por qué la media no cuenta toda la historia

La rentabilidad media anualizada es la cifra que domina cualquier conversación sobre inversión a largo plazo, y con razón: en la fase de acumulación, es prácticamente lo único que importa. Pero en la fase de retirada, esa misma cifra puede ocultar diferencias brutales en el resultado real.

Un ejemplo numérico ayuda a verlo con claridad. Supón una cartera de 500.000€ de la que retiras 20.000€ al año (un 4% inicial, ajustado después por inflación). En el escenario A, la cartera sufre una caída del 30% en el primer año de retiro y luego se recupera con rendimientos sólidos durante el resto del periodo. En el escenario B, exactamente los mismos rendimientos ocurren pero en orden inverso: los años buenos llegan primero y la caída del 30% se produce al final. La rentabilidad media de ambos escenarios es matemáticamente idéntica. Pero en el escenario A, la caída inicial obliga a vender una parte desproporcionada de la cartera cuando los precios están bajos, y esas ventas nunca se recuperan porque ese capital ya salió del sistema. En el escenario B, el capital tuvo años para crecer antes de que llegara la caída, y cuando esta se produce, la cartera es mucho más grande y puede absorber el golpe sin comprometer las retiradas futuras. El resultado: el escenario A puede agotar el capital una década antes que el escenario B, pese a partir de la misma rentabilidad media.

Este fenómeno explica por qué dos jubilados que se retiraron con cinco años de diferencia, con carteras similares y estrategias de gasto parecidas, pueden acabar con patrimonios y niveles de tranquilidad radicalmente distintos. No es cuestión de suerte en el sentido difuso de la palabra: es una consecuencia matemática de en qué punto del ciclo de mercado les tocó empezar a retirar dinero.

El tramo crítico: los años alrededor de la jubilación

El riesgo de secuencia no se distribuye por igual a lo largo de toda la jubilación. Se concentra de forma muy marcada en los primeros cinco a diez años después de dejar de generar ingresos activos, precisamente porque en ese tramo el capital todavía es grande (los años de retiradas acumuladas no lo han reducido) y cualquier caída porcentual se traduce en una pérdida de valor absoluto considerable, combinada con la necesidad de seguir vendiendo participaciones para vivir.

Los estudios sobre este fenómeno —el más citado es el trabajo original de William Bengen que dio origen a la regla del 4%, y las reformulaciones posteriores del Trinity Study— coinciden en un patrón: si los primeros años de la jubilación coinciden con un mercado bajista prolongado, la probabilidad de agotar el capital antes de tiempo se dispara, incluso si el resto del periodo registra rendimientos por encima de la media histórica. Es la razón por la que quienes se jubilaron justo antes de 2008 tuvieron una experiencia sustancialmente más dura, con la misma tasa de retirada nominal, que quienes se jubilaron cinco años después.

Este dato tiene una implicación práctica directa: la fecha exacta de tu jubilación —un dato que en apariencia depende solo de tu decisión personal— interactúa con un factor que no controlas en absoluto, que es el estado del mercado en ese preciso momento. Dos personas idénticas en todo salvo en el año en que se jubilan pueden tener destinos financieros completamente distintos.

Durante la acumulación, el riesgo se invierte

Conviene aclarar algo que suele generar confusión: durante la fase de acumulación —mientras aportas dinero de forma periódica a tu cartera sin retirar nada— el riesgo de secuencia no desaparece, pero actúa en sentido contrario y de forma mucho más benigna. Si el mercado cae justo al principio de tu vida como inversor, en realidad te beneficia: estás comprando participaciones baratas con tus aportaciones futuras, y cuando el mercado se recupera, ese capital comprado a precio de saldo se revaloriza con fuerza. Es el mecanismo detrás de la inversión periódica (dollar-cost averaging): las caídas tempranas, lejos de ser un problema, son una oportunidad de acumular más unidades por el mismo dinero.

El problema aparece exactamente cuando se invierte el flujo de caja: cuando pasas de meter dinero a sacarlo. Ese punto de inflexión —normalmente la jubilación, aunque también puede ser la compra de una vivienda con el capital invertido o cualquier retirada sustancial y sostenida— es el momento en el que el riesgo de secuencia empieza a jugar en tu contra si el mercado decide caer justo entonces.

Estrategias para reducir el impacto

No existe una forma de eliminar por completo el riesgo de secuencia, porque no se puede predecir ni controlar el comportamiento del mercado en los años que rodean tu jubilación. Pero sí hay estrategias contrastadas para reducir su impacto:

Reducir la tasa de retirada en los años de caída. Una estrategia de retirada flexible —reducir el gasto un año en que la cartera ha caído, en lugar de mantener una cifra fija ajustada por inflación— reduce sustancialmente la probabilidad de agotar el capital. Esto exige cierta capacidad de ajustar el nivel de vida, que no todo el mundo tiene, pero cuando es posible es una de las palancas más eficaces.

Mantener un colchón de liquidez o renta fija a corto plazo. Disponer de uno a tres años de gastos en efectivo o en activos de bajo riesgo permite evitar vender participaciones de renta variable justo cuando su precio está deprimido. Se retira de ese colchón durante los años malos y se reabastece con las ganancias de los años buenos.

Reducir gradualmente el riesgo de la cartera al acercarse la jubilación (el llamado glide path), en lugar de mantener la misma asignación de acciones y bonos durante toda la vida. Una cartera algo más conservadora en los años inmediatamente anteriores y posteriores a dejar de trabajar reduce la exposición al tramo más peligroso, a costa de renunciar a algo de rentabilidad potencial.

Diversificar las fuentes de ingreso en la jubilación, de modo que no dependas al cien por cien de la cartera de inversión. Una pensión pública, un alquiler, o ingresos parciales por trabajo a tiempo parcial reducen la cantidad que necesitas retirar de los activos de mercado en los años malos.

Considerar una tasa de retirada inicial más conservadora que el clásico 4%, especialmente si te jubilas con valoraciones de mercado elevadas o en un contexto de tipos de interés bajos, ya que ambos factores históricamente han precedido periodos con mayor riesgo de secuencia adverso.

En la práctica

El riesgo de secuencia de rentabilidades no es un motivo para evitar la renta variable ni para posponer indefinidamente la jubilación por miedo a un mal momento de mercado. Es, más bien, un argumento a favor de construir un plan de retirada con margen de maniobra: una tasa de gasto que se pueda ajustar, un colchón de liquidez que evite ventas forzadas en el peor momento, y una asignación de activos que se vuelva algo más conservadora en el tramo de mayor vulnerabilidad. La rentabilidad media a largo plazo del mercado sigue siendo la variable más importante para acumular patrimonio. Pero una vez que empiezas a vivir de ese patrimonio, el orden en que llegan los rendimientos deja de ser un detalle estadístico y se convierte en la variable que decide si tu dinero te dura veinte años o treinta y cinco.