Durante años, las Letras del Tesoro fueron un producto casi invisible para el ahorrador español. Con tipos de interés cercanos a cero, no ofrecían nada que no diera ya una cuenta corriente. Esa etapa terminó. Desde que el Banco Central Europeo elevó los tipos de forma sostenida, comprar deuda pública española a corto plazo se ha convertido en una opción real para quien busca rentabilidad sin asumir riesgo de mercado, y sin pagar comisiones a nadie por el camino.

El interés ha sido tan repentino que muchas personas se han lanzado a comprarlas sin entender del todo cómo funcionan. Vale la pena dedicar diez minutos a entenderlo antes de mover el dinero.

Qué es una letra del tesoro

Una Letra del Tesoro es, en esencia, un préstamo que tú le haces al Estado español durante un plazo corto: 3, 6, 9 o 12 meses. A cambio, el Estado se compromete a devolverte el capital al vencimiento junto con un interés.

A diferencia de un bono o una obligación, la Letra no paga cupones periódicos. Funciona con descuento: la compras por debajo de su valor nominal (normalmente 1.000 euros) y al vencimiento recibes el nominal completo. La diferencia entre lo que pagaste y lo que recibes es tu rentabilidad.

Por ejemplo, si compras una letra a 12 meses por 970 euros y al vencimiento te devuelven 1.000 euros, has ganado 30 euros sobre una inversión de 970: una rentabilidad aproximada del 3,1% anual, sin ningún gasto adicional si mantienes el título hasta el final.

Lo que hace atractivas a las Letras no es solo la rentabilidad en sí, sino su naturaleza. Es deuda del Reino de España, respaldada por la capacidad del Estado de recaudar impuestos. No es un producto de una entidad privada que pueda quebrar; el riesgo de crédito es, en la práctica, el más bajo al que puede acceder un ahorrador particular en euros.

Cómo se fija la rentabilidad

La rentabilidad de las Letras no la decide el Tesoro de forma arbitraria. Se determina en subastas periódicas, normalmente dos veces al mes, en las que participan bancos, fondos de inversión y particulares. Cada participante presenta una oferta indicando cuánto está dispuesto a pagar por un nominal determinado, y el precio final resulta del cruce entre esas ofertas y la cantidad de deuda que el Tesoro necesita colocar.

Esto tiene una consecuencia práctica importante: la rentabilidad de las Letras varía de subasta en subasta, y se mueve en paralelo a las expectativas sobre los tipos de interés del BCE. Si el mercado anticipa que los tipos van a bajar, la rentabilidad ofrecida en las nuevas subastas tiende a reducirse. Si se espera que suban o se mantengan, ocurre lo contrario.

Por eso no tiene mucho sentido preguntarse “¿cuánto dan ahora las Letras?” como si fuera un dato fijo. Lo relevante es consultar el resultado de la última subasta del plazo que te interese, publicado en la web del Tesoro Público, antes de decidir si te compensa entrar en la siguiente.

Como particular, tienes dos formas de participar en una subasta: la petición no competitiva, en la que aceptas el precio medio que resulte de la subasta sin arriesgarte a quedar fuera, y la petición competitiva, en la que fijas tú el precio máximo que estás dispuesto a pagar, asumiendo el riesgo de que tu oferta no sea aceptada si el precio de corte es más bajo. Para un ahorrador sin conocimientos avanzados de mercado, la opción no competitiva es, casi siempre, la más razonable.

Cómo comprarlas paso a paso

Existen tres vías para comprar Letras del Tesoro, y no son equivalentes en coste ni en comodidad.

A través del Banco de España. Es el canal más económico: no cobra comisión de compra ni de custodia. Requiere abrir una Cuenta Directa en la sede electrónica del Tesoro Público, un trámite que se puede completar online con certificado digital, DNI electrónico o Cl@ve, o de forma presencial en una sucursal del Banco de España. Una vez abierta la cuenta, las órdenes de compra se cursan directamente desde la plataforma, indicando el importe nominal deseado.

A través de tu banco habitual. La mayoría de entidades permiten comprar Letras desde la banca online, pero casi todas cobran una comisión de compra y, en algunos casos, de custodia o de mantenimiento. Estas comisiones pueden restar una parte significativa de la rentabilidad, especialmente en plazos cortos donde el margen ya es reducido.

A través de un bróker. Algunos brókeres online ofrecen acceso al mercado secundario de deuda pública, donde se pueden comprar y vender Letras ya emitidas antes de su vencimiento. Es una opción útil si necesitas liquidez antes del plazo original, pero implica asumir el precio de mercado del momento, que puede ser mejor o peor que el de emisión.

En los tres casos, el proceso general es el mismo: eliges el plazo (3, 6, 9 o 12 meses), decides el importe nominal que quieres suscribir (con un mínimo de 1.000 euros y múltiplos de esa cantidad), y presentas la orden antes de la fecha límite de la subasta correspondiente. El dinero se carga en tu cuenta el día de liquidación, y al vencimiento el nominal completo se abona automáticamente.

Fiscalidad: qué parte te quedas realmente

La rentabilidad de las Letras del Tesoro tributa como rendimiento del capital mobiliario dentro de la base imponible del ahorro, igual que los intereses de un depósito o un fondo monetario. Los tramos actuales son: 19% hasta 6.000 euros de base del ahorro, 21% entre 6.000 y 50.000 euros, 23% entre 50.000 y 200.000 euros, 27% entre 200.000 y 300.000 euros, y 28% a partir de esa cifra.

Un matiz importante: a diferencia de los depósitos bancarios, las Letras del Tesoro no sufren retención a cuenta cuando se compran a través de la Cuenta Directa del Banco de España. Esto no significa que estén exentas de tributación, sino que el rendimiento se declara íntegro en la siguiente declaración de la renta y el pago del impuesto se realiza en ese momento, no de forma anticipada. Para muchos ahorradores esto es una ventaja de liquidez a corto plazo, pero conviene tenerlo presente para no llevarse una sorpresa al hacer la declaración y reservar la parte correspondiente.

Si compras Letras a través de tu banco o un bróker, es posible que sí apliquen retención, dependiendo del canal. Conviene confirmarlo antes de operar para no descuadrar tus previsiones.

Letras del Tesoro frente a otras alternativas

Comparadas con un depósito bancario a plazo fijo, las Letras suelen ofrecer una rentabilidad similar o superior, con la ventaja de que el riesgo de crédito recae sobre el Estado y no sobre la solvencia de una entidad concreta. El Fondo de Garantía de Depósitos protege los depósitos bancarios hasta 100.000 euros por entidad y titular, pero las Letras no necesitan esa protección: si no confías en la capacidad de pago del Reino de España, el problema es mucho mayor que dónde guardas tus ahorros.

Comparadas con un fondo monetario, la diferencia principal está en la gestión y la fiscalidad. El fondo monetario diversifica entre múltiples emisores y vencimientos, se gestiona de forma profesional y permite el traspaso entre fondos sin tributar, un mecanismo fiscal muy valioso en España. Las Letras, en cambio, son un instrumento único, sin diversificación ni gestión activa, pero también sin comisión de gestión alguna: lo que ves en la subasta es lo que obtienes.

Comparadas con una cuenta remunerada, las Letras exigen inmovilizar el dinero hasta el vencimiento (salvo venta en el mercado secundario), mientras que la cuenta remunerada ofrece disponibilidad inmediata. A cambio, las Letras no dependen de promociones temporales de un banco que pueden desaparecer en cualquier momento.

Ninguna de estas opciones es mejor de forma absoluta. La elección depende del plazo en el que puedas prescindir del dinero, de si valoras más la simplicidad fiscal o el control directo, y de cuánta rentabilidad extra te compensa renunciar a la liquidez inmediata.

Para quién tiene sentido (y para quién no)

Las Letras del Tesoro tienen sentido para el dinero que no vas a necesitar durante el plazo elegido y que, mientras tanto, no quieres exponer a la volatilidad de la renta variable: el fondo de emergencia una vez cubierto el colchón más líquido, el ahorro reservado para una compra futura, o la parte conservadora de una cartera diversificada.

No tienen sentido como sustituto de la inversión a largo plazo. Su rentabilidad, aunque atractiva frente a la barra baja de la última década, sigue estando por debajo de lo que históricamente ha ofrecido la renta variable en horizontes de diez años o más. Tampoco son la mejor opción si vas a necesitar el dinero antes del vencimiento y no tienes claro cómo funciona el mercado secundario, donde el precio de venta anticipada puede ser inferior al que pagaste.

Tampoco conviene perseguir la rentabilidad de la última subasta como si fuera una oportunidad que se escapa. Las condiciones cambian cada quince días, y decidir invertir en Letras debe responder a tu horizonte temporal y tu necesidad de seguridad, no al titular de una noticia sobre “la rentabilidad más alta en años”.

Usadas con ese criterio, las Letras del Tesoro son una herramienta sólida y barata para una parte concreta de tus ahorros. No prometen hacerte rico, y ese es precisamente su valor: hacen exactamente lo que dicen que hacen, ni más ni menos.