Qué es diversificar

Diversificar significa repartir tu dinero entre diferentes inversiones para que el mal comportamiento de una no arrastre a toda tu cartera. La idea es sencilla: si tienes todo tu patrimonio en acciones de una sola empresa y esa empresa quiebra, lo pierdes todo. Si en cambio repartes entre veinte empresas de distintos sectores, la quiebra de una solo afecta a un cinco por ciento de tu cartera.

Este principio no es nuevo. Los comerciantes del siglo XVII ya dividían su mercancía entre varios barcos para que el naufragio de uno no los arruinara. En inversión moderna, la diversificación es la única estrategia que permite reducir riesgo sin renunciar a rentabilidad esperada. Harry Markowitz, premio Nobel de Economía, la llamó «el único almuerzo gratis en finanzas».

Lo importante es entender que diversificar no garantiza que nunca pierdas dinero. En caídas generalizadas del mercado, casi todo baja a la vez. Pero la diversificación sí reduce la magnitud de esas caídas y acelera la recuperación posterior. Tu cartera oscila menos, duermes mejor y es más probable que mantengas el rumbo a largo plazo.

Correlación: la clave oculta

No basta con tener muchos activos; lo decisivo es cómo se comportan entre sí. La correlación mide si dos inversiones tienden a subir y bajar juntas. Si la correlación es alta (cercana a 1), se mueven al unísono y diversificar entre ellas aporta poco. Si es baja o negativa, cuando una cae la otra tiende a mantenerse o subir, amortiguando el golpe.

Un ejemplo clásico: las acciones y los bonos de alta calidad suelen tener correlación baja o negativa. Cuando la bolsa cae con fuerza, los inversores buscan refugio en bonos gubernamentales y estos suben de precio. Por eso una cartera que mezcla ambos activos es más estable que una compuesta solo por acciones, aunque a largo plazo la rentabilidad sea algo menor.

En la práctica, las correlaciones no son fijas. En crisis severas pueden aumentar temporalmente, haciendo que todo caiga a la vez. Aun así, a lo largo de ciclos completos, combinar activos con correlaciones históricamente bajas sigue siendo la mejor herramienta para suavizar el camino. No necesitas calcular correlaciones tú mismo: los fondos indexados globales ya lo hacen por ti al incluir miles de valores de distintos países y sectores.

Tipos de diversificación

La diversificación opera en varias capas. La primera es la diversificación por activo: mezclar renta variable, renta fija, inmobiliario y quizás materias primas. Cada clase de activo responde de forma diferente a los ciclos económicos, por lo que combinarlas reduce la volatilidad global.

La segunda capa es la diversificación geográfica. Invertir solo en empresas españolas te expone a los riesgos específicos de un país pequeño dentro de la economía mundial. Un fondo indexado global reparte tu inversión entre Estados Unidos, Europa, Japón, mercados emergentes y muchos más. Si la economía de una región se estanca, otras pueden compensar.

La tercera capa es la diversificación sectorial. Tecnología, salud, energía, consumo, finanzas… cada sector tiene sus propios ciclos. Durante la pandemia, el turismo se desplomó mientras la tecnología se disparó. Un año después, la situación se invirtió parcialmente. Tener presencia en todos los sectores evita apostar tu futuro a una sola tendencia. Finalmente, existe la diversificación temporal, que consiste en invertir de forma periódica en lugar de hacerlo todo de golpe, y que veremos en detalle en el capítulo sobre Dollar-Cost Averaging.

Cuánto es suficiente

Los estudios académicos muestran que con aproximadamente 30 acciones de distintos sectores se elimina la mayor parte del riesgo específico de cada empresa. Sin embargo, queda el riesgo de mercado: el que afecta a todas las acciones a la vez. Ese riesgo no desaparece por mucho que diversifiques dentro de la renta variable; para reducirlo necesitas añadir otras clases de activo.

Para un inversor particular en España, la forma más eficiente de diversificar es mediante fondos indexados o ETFs que replican índices amplios. Un solo fondo como el MSCI World contiene más de 1.500 empresas de 23 países desarrollados. Si le añades un fondo de bonos gubernamentales europeos y quizás un pequeño porcentaje de mercados emergentes, tienes una diversificación que hace veinte años solo estaba al alcance de grandes patrimonios.

No caigas en la trampa de pensar que más fondos significan más diversificación. Tres fondos bien elegidos pueden cubrir prácticamente todo el mercado global. Tener quince fondos que se solapan entre sí solo complica la gestión sin aportar beneficio real. La simplicidad es tu aliada.

Errores comunes al diversificar

El error más frecuente es la falsa diversificación. Tener acciones de cinco bancos españoles no es diversificar: todos dependen del mismo sector en el mismo país. Igualmente, comprar varios fondos de renta variable que invierten en las mismas grandes tecnológicas americanas no reduce el riesgo tanto como parece.

Otro error habitual es confundir diversificación con coleccionismo. Algunos inversores acumulan docenas de productos financieros sin una lógica clara, simplemente porque les parecen interesantes. El resultado es una cartera difícil de gestionar que a menudo tiene más riesgo del que creen, porque no han analizado las correlaciones entre sus posiciones.

Por último, está el error de diversificar demasiado tarde. Muchos inversores empiezan concentrados en un solo activo (a menudo su propia empresa o el inmobiliario) y solo piensan en diversificar cuando ya han sufrido una pérdida importante. La diversificación es una decisión que se toma antes de invertir, como parte del diseño de tu cartera, no una reacción de emergencia cuando las cosas van mal. En el próximo capítulo veremos cómo decidir exactamente qué porcentaje asignar a cada tipo de activo según tu situación personal.