Hay una idea que incomoda a muchos profesionales de la inversión y que sin embargo lleva décadas respaldada por datos: la mayoría de los gestores de fondos no lo hace mejor que el mercado. No de forma sistemática, no ajustando por riesgo, y en particular no después de cobrar sus comisiones.
Esta observación dio origen a los fondos indexados, uno de los instrumentos de inversión más estudiados, debatidos y crecientes de las últimas décadas.
La promesa de la gestión activa
Un fondo de gestión activa tiene como objetivo superar a un índice de referencia: el S&P 500, el MSCI World, el Ibex 35. Un equipo de analistas y gestores estudia empresas, evalúa tendencias, toma decisiones y mueve el capital cuando lo considera oportuno. Por ese trabajo se cobra una comisión.
La premisa es razonable: si los gestores son más inteligentes, están mejor informados o son más disciplinados que el promedio, deberían batir al mercado. El problema es que el mercado no es el promedio: es el conjunto de todos los inversores. Cuando todos los fondos activos compran y venden entre sí, la suma de sus resultados antes de comisiones es exactamente el mercado.
Qué dice la evidencia
El informe SPIVA, publicado anualmente por S&P Global, mide cuántos fondos activos superan a sus índices de referencia en distintos horizontes temporales. Los resultados son consistentes desde hace décadas:
- A un año, entre el 50% y el 60% de los fondos activos no supera al índice.
- A diez años, ese porcentaje sube al 80-85%.
- A veinte años, supera el 90% en la mayoría de categorías.
El fenómeno no se limita a Estados Unidos. En Europa, en mercados emergentes, en renta fija: el patrón se repite. No todos los gestores lo hacen mal, pero identificar de antemano cuáles lo harán bien resulta extraordinariamente difícil, incluso para los propios profesionales del sector.
Por qué las comisiones cambian todo
Una comisión de gestión del 1,5% anual puede parecer pequeña. Pero el interés compuesto opera en ambas direcciones.
Si inviertes 10.000 euros durante 30 años con una rentabilidad bruta del 7% anual, el resultado antes de comisiones es de aproximadamente 76.000 euros. Con una comisión del 1,5%, la rentabilidad neta cae al 5,5% y el resultado final es de unos 49.000 euros. La diferencia es de más de 27.000 euros: casi tres veces la inversión inicial.
Los fondos indexados se diseñan para replicar un índice con el mínimo coste posible. Sus comisiones de gestión habituales se sitúan entre el 0,05% y el 0,25% anual. En un vehículo pasivo no hay equipo de análisis que pagar, no hay rotación de cartera frecuente, no hay decisiones discrecionales. El fondo simplemente mantiene las mismas acciones que componen el índice, en la misma proporción.
Cómo funciona un fondo indexado
El funcionamiento es sencillo: el fondo compra todas, o una muestra representativa, de las acciones que forman parte de un índice determinado, en la proporción exacta en que aparecen en ese índice.
Si el MSCI World incluye 1.500 empresas de 23 países, el fondo las mantendrá todas en la misma proporción de capitalización. Si Apple representa el 4% del índice, el fondo destina el 4% de su capital a acciones de Apple.
Cuando el índice se revisa, el fondo ajusta. No hay más decisiones que tomar. El resultado del fondo seguirá al índice casi exactamente, menos la comisión de gestión.
Existen dos formatos principales: los fondos de inversión indexados tradicionales, que se suscriben y reembolsan una vez al día al valor liquidativo, y los ETF, que cotizan en bolsa como una acción y pueden comprarse y venderse a lo largo del día. Ambos pueden ser igualmente válidos; la diferencia principal está en la plataforma de inversión y la fiscalidad aplicable.
Qué fondos indexados existen en España
En España, los fondos indexados son accesibles a través de varios canales:
Gestoras internacionales como Vanguard, iShares de BlackRock o Amundi ofrecen fondos indexados a los principales índices mundiales con comisiones muy bajas. Se accede a ellos a través de brókers o plataformas de inversión.
Roboadvisors como Indexa Capital, inbestMe o Finizens construyen carteras diversificadas de fondos indexados de forma automatizada, ajustadas al perfil de riesgo del cliente. Son una opción cómoda para quien no quiere gestionar directamente la selección de fondos.
Planes de pensiones indexados como los de Indexa Capital o Finizens aplican la misma filosofía al ahorro para la jubilación, con ventajas fiscales en las aportaciones.
La fiscalidad de los fondos de inversión en España tiene una ventaja relevante: se puede traspasar el dinero de un fondo a otro sin tributar por las plusvalías hasta el momento del reembolso definitivo. Los ETF no tienen esta ventaja.
Lo que un índice no resuelve
Invertir en fondos indexados no elimina el riesgo de mercado. Si el mercado cae un 40%, tu fondo caerá aproximadamente lo mismo. La indexación no protege de las caídas: lo que hace es garantizar que capturas la recuperación completa cuando el mercado se recupera, sin el riesgo adicional de tener un gestor que tome malas decisiones en el peor momento.
Tampoco resuelve la pregunta de cuánto riesgo asumir, cómo distribuir entre distintas geografías o activos, o cuándo aportar. Esas decisiones siguen siendo tuyas.
Lo que sí hace un fondo indexado es eliminar una capa de complejidad y coste que, según décadas de evidencia, en la mayoría de los casos no añade valor. Es una herramienta sencilla con un argumento sólido.